La princesa de Hecash

La princesa ya esta en venta... ¿Te lo vas a perder?


Os quiero dejar leer el primer capítulo, ¡que disfrutéis! 

24 de septiembre de 2013. Suena el despertador, es una de las cosas que más odio en esta vida, como muchas cosas más. Voy hacia el baño como puedo, arrastrando los pies. Me apoyo con las dos manos en el lavabo y alzo la cara para mirarme en el espejo redondo, con cara de sueño. Son las 6:00 de la mañana,
no hay ni un rayo de sol en Madrid, está nublado como casi siempre, solo llevo cuatro días aquí.

Casi no veo. Con los ojos medio cerrados, llenos de legañas, no veo del todo claro hasta que me pongo mis gafas. Los pelos como un estropajo de cocina por delante de la cara. Necesito ahora mismo un café, poca leche y cuatro de azúcar; muy dulce, como yo, como decía mi madre cuando me tomaba mis primeros cafés; porque si no me los bebo cada mañana, no soy humana en todo el día. 

Me meto en la ducha con agua helada, que me recuerda las playas de Cala Rajada, del municipio de Capdepera el pueblo de mi infancia. Una ducha antes de ir a clase el primer día. Parece que cuantos más años pasan, más pereza me da estudiar, coger el metro, después el bus… Toda una historia muy larga, repetitiva y aburrida.

Me miro al espejo una vez más, sin saber aún qué hacer con mi maldito pelo, acabo como siempre, un moño medio presentable. Es una lucha diaria, otra cosa que odio en la vida. Tengo veintidós años recién cumplidos, los cumplo el 19 de septiembre, y este es mi primer año en Madrid, voy a empezar diseño de moda, me gustaría llegar a ser alguien importante; vivo sola; lo prefiero, creo que es mejor. En un piso amueblado de IKEA, únicamente con las cosas necesarias y, sobretodo, con mucho colorido.
Voy por las calles de Madrid; es totalmente diferente al pueblo; más gente, más coches, más semáforos, en fin más de todo y más vida.

Llego a la escalera del metro, a estas horas va a tope; gente corriendo para ir a trabajar, a estudiar, gente durmiendo en los bancos, gente despidiéndose, gente que llega… Me siento en un asiento de cuero al lado del cristal, con las manos delante cogiendo mi mochila, ya que mi madre me decía: «cuidado con la mochila, que roban». 

Observo como va vestida la gente, encuentro que van con ropa muy oscura este año; negra, marrón… Aún me quedan dos paradas para bajar, a mi lado se sienta un joven, bien vestido, corbata, americana, vaqueros… Muy mono. Está leyendo o lo intenta, porque tiene los pelos por delante de los ojos, yo no sé cómo puede ver; es el libro de Federico Moccia, Esta noche dime que me quieres, un gran escritor. Miro la hora, son las 7:15 y entro a las 8:00, no sé si llegaré a tiempo… Me tengo que levantar más pronto, la academia está bastante lejos de mi piso.

Me bajo del metro corriendo. ¡Tengo que coger el bus ya! Subo las escaleras del metro, menos mal que la parada del bus está cerca, veo que está el que cojo yo, el número 20, entro en él, casi sin aliento, paso la tarjeta y suspiro hondo. Me siento al lado del cristal otra vez, está tan lleno como el metro, casi no se puedo respirar, menos mal que ya estoy a punto de bajar.

Estoy delante de la entrada, hay un reloj enorme de color blanco y negro que marca la hora, son las 7:55. Me quedan cinco minutos para encontrar la clase a tiempo, que lo dudo. Subo las largas escaleras, de esas que no ves el final. Recorro pasillos inmensos, con las paredes pintadas en horizontal, mitad verdes, mitad blancas.

Voy mirando cada número de clase y no hay manera de encontrarla, bajo a la conserjería a preguntar.
— Hola, una pregunta, la clase 208, ¿dónde está? — es el número que pone en las hojas que tengo.
— Segunda planta, la ocho — se ríe de forma estúpida, retirándose el pelo de la cara, camiseta rosa con un escote que le llega hasta el ombligo… Ya no me cae bien, no creo que la ropa que lleva sea adecuada para trabajar.

Subo las escaleras corriendo otra vez, por fin llego, un cuarto de hora tarde, pero ya estoy. Llamo a la puerta antes de entrar, ya no hay nadie en los pasillos, ¡qué vergüenza!
Al abrir la puerta veo a los que se sientan en la primera fila, mi vista va hacia un joven bien vestido con corbata, americana y vaqueros.

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